domingo, 2 de octubre de 2016

Cristales rotos



Fiestas, menores de edad, alcohol, risas y padres preocupados, ya estamos acostumbrados pero... ¿por qué cada vez existe más ansía por probar estas bebidas y son más jóvenes los catadores de éstas?

-By Laura Ramón Andréu
2 Octubre 2016

Las fiestas atraen a los adolescentes en cualquier momento del año, ya sea en pleno verano o en el día más gélido de invierno. Es un hecho que así es ( por desgracia y lamento ) como se "entretienen" nuestros estudiantes, y con ellos nuestro futuro país.
Pero la pregunta que muchos nos hacemos ante esta situación , ya sean padres o no, es el porqué y el cómo de esta iniciación.

Para empezar he de recordarles que el ser humano es en varios aspectos no muy buen acompañante. Y si estamos tratando de chicos y chicas en estas edades tan difíciles, ahí se incrementa ese significado.
Está científicamente demostrado que la mayoría comienzan a introducirse en este mundillo del alcohol debido a un factor determinante que podríamos resumir en una frase muy utilizada por nuestras queridas madres en cualquier momento de nuestra vida: " y si los demás se tiran por un puente ¿ tú también ?". Pues sí mis preciados lectores, ellos también se tirarían.
Llegados a este punto en nuestra mente puede aparecer una idea bastante clara sobre el porqué de esta tradición tan popular hoy en día; y es que si no puedes vencerlos, únete a ellos.
Una de las grandes equivocaciones que cometen los protagonistas de este artículo es el constante pensamiento de que el ir a una fiesta adquiere como significado beber. Y si en ésta decides no ingerir bebidas alcohólicas y el resto de tus amigos sí, lo único que te va a suceder es que vas a pasarte toda la noche incómodo o vas a terminar haciendo lo mismo que todos.

Y aunque estas concentraciones tan comunes se han ido llevando a cabo a lo largo del tiempo, nunca a una edad recién iniciada la adolescencia. Obviamente no es únicamente culpa de estos muchachos y muchachas que solo quieren pasar un buen rato rodeados de botellas y al día siguiente no recordar nada, este fallo también lo comparten todos los establecimientos ( que no son pocos ) vendedores de alcohol a menores, ya sean supermercados reconocidos o tiendas veinticuatro horas a las que les interesa poco si esas botellas van a conseguir que un joven de quince años termine esa noche en el hospital.
Claramente no todos acaban las noches de sábado con más ginebra en el cuerpo que sangre, hay de los que sólo beben dos/ tres copas cada tres meses, pero seamos sinceros, con los dedos de una mano podemos contarlos.

Por lo que, resumiendo, a día de hoy, el alcohol es más fácil de conseguir en cualquier punto del país en el que uno se encuentre y la presión social es más fuerte a cada minuto que corre el reloj. Que las cabras sigan al pastor no es un tema precisamente novedoso, pero ¿ hasta que punto tenemos que seguir al rebaño?

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