domingo, 12 de febrero de 2017

Temeroso amor

-Laura Ramón Andréu
12 Febrero 2017

Mis pisadas aceleran, no corro, pero siento mi corazón suplicando poder salir de mi pecho y no querer volver nunca más a ese refugio negro que hay dentro de mi, a esa cueva oscura en la que solo ha habitado ese órgano que me hace seguir con vida.
Entro con rapidez y corro el pestillo después de haber dado un sonoro portazo que debe haberse oído en toda la estancia. Durante unos segundos me quedo sujetando el pomo de la puerta y posando mi frente en el marco de esta. Y en ese instante es cuando toda la rabia que se depositaba en mi interior decide al fin salir a la luz y estallar por si sola a la vez que las lágrimas recorren mi rostro y lo tiñen de caminos ennegrecidos.
Me doy la vuelta contemplo una imagen en el espejo que se encuentra frente a mí. Pero no, no es un simple reflejo de mi cuerpo el que soy capaz de observar. Esa no soy yo, no puedo ser yo. Vuelvo a alzar mi vista hacia delante y observo a una chica rota que nunca antes había conocido. Una parte de mí que no creía posible y que se ha estado ocultando todo este tiempo, hasta ahora.
Doy un paso atrás, tratando de alejarme de aquella horrorosa figura, ese doble que me susurra con energía que me acerque a él. Pero me tropiezo y caigo al suelo debido a los tacones que visten mis pies y que combinan perfectamente con el vestido roto y rajado que cubre mi cuerpo, pero que ahora deja a la vista parte de mi cintura que antes no era visible.
Mi piel se eriza cuando mis manos y mis piernas desnudas rozan el suelo tan frío como el hielo.
No soy fuerte ni nunca lo he sido, y el pánico consigue lo que ansiaba desde el principio y se hospeda en mí. Grito. Una llamada de auxilio a quien sea capaz de escucharme y correr en mi ayuda. Correr para salvarme de lo que mi yo inocente había creído ver e imaginar y que ha resultado ser un completo engaño, una mala jugada de mi imaginación.
El silencio que me acompañaba es ahora violado por unos pasos lentos pero tan duros que los hace completamente reconocibles.
Su mano roza la puerta y comienza a atacarla sin piedad con sus puños. La madera de aquello que me separaba de él cae ante su fuerza.
Cierro los ojos y decido no abrirlos nunca más, no quiero que su rostro sea lo último que mis ojos puedan captar antes que él decida terminar con lo que ha empezado.
Sus dedos acarician mi barbilla, no sé como ha conseguido entrar, pero el porqué ya no importa.
Lo último que logro percibir es el sonido de su voz.

<< Te quiero >>.

3 comentarios:

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    ¡Un beso!

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